Realmente no es autónomo

Su empresa ha contratado a un autónomo para ahorrarse los costes de Seguridad Social. Sin embargo, las características de esa relación mercantil son idénticas a las de otros trabajadores por cuenta ajena de la empresa…

Contrato mercantil…

Su empresa se dedica a la creación y programación de páginas web, y cuenta con varios trabajadores en plantilla. No obstante, acaba de contratar a un autónomo para que lleve a cabo un proyecto concreto. Dicho trabajador se ha dado de alta como autónomo tanto en la Seguridad Social como en Hacienda, por lo que será él quien se pague sus cotizaciones y quien efectúe sus declaraciones de IRPF y de IVA. Hasta aquí todo parece correcto.

El problema surge cuando se pactan las condiciones de trabajo. Y es que, en casos como éste, es habitual asegurar un sueldo mensual fijo, el mismo horario que el resto de empleados, e incluso se establece que las tareas a desarrollar se llevarán a cabo en las dependencias de la empresa, a través de los ordenadores y demás material de ésta.

Si se pactan estas condiciones, se tratará de una relación laboral encubierta, por lo que, al término de ésta, el autónomo podría reclamarle una indemnización por despido improcedente, así como las cotizaciones no efectuadas al régimen general de la Seguridad Social.

Obedecer órdenes directas de algún mando de la empresa, así como quedar sujeto a un horario fijo y a un calendario de vacaciones en las mismas condiciones que el resto de personal, son indicios que apuntan a la ilegalidad de la relación mercantil.

Para que la relación sea realmente mercantil (independiente), y no laboral, el profesional debe tener cierta libertad a la hora de desarrollar sus funciones. Por ejemplo:

  • Establecer él mismo su horario de trabajo y utilizar sus propios recursos (su propio ordenador, un teléfono móvil, un local, etc.).
  • No seguir órdenes continuadas por parte de nadie de la empresa (sin perjuicio de las directrices básicas que ésta le indique para desarrollar su trabajo).
  • Obtener una retribución global por el proyecto (sin perjuicio de que se pague por fases, según éste va avanzando), de forma que no se pague un fijo cada mes.

Si no se dan estos indicios de independencia, al final del contrato el trabajador podría solicitar una indemnización por despido improcedente, alegando que existía una relación laboral encubierta de carácter indefinido, que ha finalizado sin motivo alguno. Tenga en cuenta que si hay ajenidad y dependencia, usted no podrá alegar que se trata de un «autónomo dependiente».

En definitiva, si va a fichar a un autónomo, remarque en el contrato los aspectos que demuestren su independencia en el desarrollo del trabajo, sin perjuicio de su derecho a verificar su grado de desarrollo, así como a rescindirlo si el autónomo no cumple con las condiciones libremente pactadas.

Si va a contratar a un trabajador autónomo, remarque en el contrato los aspectos que demuestren su independencia: no sujeción a un horario concreto, utilización de medios propios y retribución según el grado de desarrollo del proyecto.

Si estás interesado en este asunto, consúltanos en nuestra asesoría de Cintas & Barberá de Chiclana.