Vivienda habitual consideración por los Tribunales

La transmisión por herencia de la vivienda habitual de una persona fallecida tiene importantes ventajas fiscales. Pero, ¿qué ocurre si el causante estaba empadronado en otro lugar?

Cuando en una herencia se incluye la vivienda habitual del fallecido, los beneficiarios apenas han de pagar ISD por ella. En concreto, la ley establece unas reducciones sobre el valor de la vivienda, en los siguientes términos (reducciones que pueden aumentar según la comunidad autónoma):

La base del impuesto puede reducirse en el 95% del valor de la parte de vivienda recibida, con el límite de 122.606,47 €.

Pueden aplicar esta reducción los beneficiarios que sean cónyuge, ascendientes, descendientes o pariente colateral mayor de 65 años (en este último caso, se exige que hubiese convivido con el fallecido en los dos años anteriores).

En un caso que ha llegado a los tribunales, una contribuyente aplicó esta reducción al liquidar la herencia recibida de su esposo. Pero la Administración revisó la declaración y observó algunas incoherencias:

  • En el certificado de defunción figuraba que el causante tenía un domicilio distinto
  • La propia viuda y los hijos, al liquidar la herencia, habían manifestado en los impresos que el domicilio del finado era distinto a la vivienda sobre la que se aplicó la reducción
  • Al consultar el censo municipal, se observó que el fallecido no estaba empadronado en la vivienda sobre la que se aplicó la reducción.

Ante estas incoherencias, la oficina liquidadora anuló la reducción del 95%. Aunque la viuda aportó un acta de notoriedad, en la que diversas personas daban fe ante notario de que el causante vivía en la vivienda en cuestión, la Administración no aceptó este testimonio y exigió el pago de las diferencias.

La heredera reclamó y, finalmente, los tribunales le han dado la razón, esgrimiendo los siguientes argumentos:

  • El empadronamiento en un determinado inmueble no supone necesariamente que éste sea la vivienda habitual
  • El domicilio que constaba en el padrón había sido vendido unos meses antes del fallecimiento, por lo que no podía ser el domicilio habitual del contribuyente en el momento del fallecimiento

Muchas veces Hacienda ha considerado que el padrón no es suficiente para justificar que un inmueble es la vivienda habitual del contribuyente (lo ha hecho, por ejemplo, para evitar empadronamientos artificiales en segundas residencias con el único motivo de gozar de la deducción por vivienda habitual en el IRPF). Pues bien, ahora este argumento se le ha vuelto en contra.

Es cierto que en este caso la posición de la recurrente se vio reforzada por el hecho de que la vivienda en cuestión había sido vendida antes de la muerte. Pero aunque no hubiese habido esta venta, cabe entender que el tribunal hubiese aceptado el acta de notoriedad, junto con otros indicios –recibos de consumos, domicilio en extractos bancarios–, como prueba suficiente para demostrar el domicilio del fallecido.

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